10 años sin Berlanga

Luis García Berlanga siempre lo tuvo muy claro: “Uno necesita hurgar y rascar en la sociedad y decir lo que no le gusta pero, al mismo tiempo, hacer reír, como exige la comedia. La mitad de mis películas estaban destinadas a hacer reír y la otra mitad a decir alguna cosa sobre este entorno que a uno le ha tocado vivir”. Y a lo largo de más de cuarenta años el director valenciano cumplió fielmente esa máxima con películas que diseccionaron la sociedad española con la precisión del más hábil de los cirujanos, pero provocando, a la vez, una sonrisa o carcajada en los espectadores. Sus historias parecían inverosímiles, pero a todos les parecían cercanas y reales. “Yo estiro la verosimilitud hasta el límite extremo, pero sin llegar nunca a que sea una farsa”, solía decir. Por eso eran perfectamente creíbles.

El 13 de noviembre se cumplen 10 años de la muerte de Luis García Berlanga y TCM quiere recordarlo durante todos los viernes del mes emitiendo algunas de sus películas más conocidas como La vaquillaPatrimonio nacionalEl verdugo y Plácido. Títulos intemporales que han influido en varias generaciones de cineastas españoles, como Pedro AlmodóvarSantiago Segura o Alex de la Iglesia. Además, el viernes 13, día del aniversario de su muerte, toda la programación de tarde y noche del canal estará dedicada a este realizador.

Luis García Berlanga nació en Valencia el 12 de junio de 1921. “En mis películas mi mediterraneidad se centra en dos o tres cosas: el barroquismo, la pirotecnia y, en definitiva, el olor al mar que, para mí, es bastante necesario”, comentó en una ocasión. Su padre había militado en el Partido Radical y en Unión Republicana y él, después de la Guerra Civil, para evitar represiones políticas, se alistó a la División Azul, que combatió en la Unión Soviética.

Comenzó estudiando Derecho y Filosofía y Letras, pero en 1947 ingresó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas y empezó a rodar cortometrajes. En 1951 debutó como director de largos, al lado de Juan Antonio Bardem, con Esa pareja feliz, una mirada amarga y crítica a la España de la postguerra. Con Bardem mantuvo una gran amistad, pero también una fuerte discrepancia ideológica. “Juan Antonio Bardem y sus amigos me daban clases diarias de comunismo hasta que dijeron: ‘con Luis no podemos’, y me dejaron por imposible. Era un rollo. Resultaba absurdo que un hombre libertario como yo ingresara en un partido como el comunista”, comentaba.

Dos años después se consagró, ya en solitario, con Bienvenido, Míster Marshall, un film que se ha convertido, con el devenir de los años, en uno de los títulos fundamentales del cine español y que, sin embargo, a él, no le convencía demasiado. “Nunca me ha entusiasmado. Reconozco que los treinta primeros minutos son espléndidos de ritmo. Ahora bien, cuando llegan los sueños, me parece horrorosa porque rompen su ritmo y se mete en unos territorios que la joden bastante”.

En Plácido y El verdugo retrató las miserias personales, económicas y sociales de la España de los años 40 y 50, y en su ‘Trilogía Nacional’ los tejemanejes del franquismo y de la transición política. Y todo ello, con un estilo cinematográfico propio; utilizando sus famosos planos secuencia; con guiones escritos mano a mano con Rafael Azcona y rodeado de estupendos actores que se movían con inmensa comodidad ante las cámaras. “Se ha llegado a decir que yo dirijo muy bien a los actores cuando yo lo que hago es no dirigirlos. A un Agustín González o a José Luis López Vázquez, aunque hubiera querido, no necesitaba decirles nada. En lo que sí me puedo poner una medallita es en escogerlos”.

Luis García Berlanga fue también uno de los fundadores de la Academia del Cine Español y ganó el Goya al mejor director en 1994 por Todos a la cárcel. En los últimos años de su vida se encontraba, sin embargo, triste y escéptico por el rumbo que estaba tomando el cine. “Cada vez que veo esas cosas que están hechas con ordenador, las galaxias esas, huyo del cine… Para mí, que un bolígrafo ya es un aparato tecnológico, fijaros lo que es hacer que vuele un hombre o que explote su cabeza. No puedo aguantarlo. Hay que hacer películas del vecino de la escalera. Pequeñas historias que le puedan pasar a cualquiera”, afirmaba.

Además, padecía, según él, una censura mucho más cruel que la había sufrido durante el franquismo. “Estoy perdiendo la memoria a unas velocidades aceleradas y esto sí que es una censura a lo bestia y que me tiene más cabreado que cuando el señorito Franco decía: “Berlanga no es comunista. Es mucho peor. Es un mal español”.

Pero el cine de Berlanga sigue siendo profundamente actual y eso se podrá comprobar en TCM todos los viernes de noviembre con motivo del décimo aniversario de su muerte. En todas sus películas podemos encontrar esa esencia de lo español que él supo retratar como ningún otro. Incluso anticipándose, en numerosas ocasiones, a lo que después iba a ocurrir. Algunas de sus últimas declaraciones parecen dichas ayer mismo en mitad de esta pandemia que vivimos. “La soledad va a ser la solución de este siglo y del que viene. Ser dueños de nuestra soledad y no tener que formar parte de colectivos como iglesias, partidos políticos y organizaciones. Y que todos, y cada uno de nosotros, intentemos que nuestro territorio personal pueda ser combativo”.

Viernes 6 de noviembre
22:00 La vaquilla (1985)

Viernes 13 de noviembre
18:15 La vaquilla (1985)
20:10 Patrimonio nacional (1981)
22:00 El verdugo(1963)
23:30 Plácido (1961)

Viernes 20 de noviembre
22:00 Patrimonio nacional (1981)

Viernes 27 de noviembre
22:00 Plácido (1961)